Lo bello y lo útil de la Literatura
Es importante que como estudiosos de la literatura podamos entender bien cual es la función que tiene la misma al aplicar a nuestros conocimientos en el examen crítico de las obras. No todo lo que se escribe puede desarrollarse en el ardid de la literariedad, por ello, debemos desenmarañar la urdimbre que entrelaza fuertemente la naturaleza de la literatura, pues discriminando sus funciones estaremos en la posibilidades de consolidar una teoría literaria que la merite en carácter de ciencia, aunque subyazca de raíces cualitativas. Warren y Wellek han hecho polémica al teorizar y explicar hábilmente estas funciones que nos van describiendo la naturaleza de la literatura. En este ensayo pretendo hacer un paseo explicativo por algunos principios básicos reorganizados por estos estudiosos, buscando sobretodo esparcir los principales temas que tratan, para explicar dichas funciones. La primera cuestión que se debaten estos teóricos se basa en la utilidad de la literatura: “La utilidad de la poesía se sigue de su naturaleza: todo objeto o clase de objetos se utiliza de modo más eficaz y racional para aquello que es, o que es fundamentalmente” (Wellek y Warren, 1966: 35) La literatura es útil porque cumple la función de enseñar e instruir cuando desarrolla en su “fondo” un mensaje, independientemente de la época a la que pertenecen. De la misma manera en que cualquier objeto es útil, aunque no esté creado para esa misión, así también la literatura por más de que su fin último es producir belleza, evoca y transmite de una manera racional valores que van perdurando a través del tiempo. Forja una intención moralizadora, por ello ya desde los tiempos antiguos en Grecia los filósofos y poetas por más de que coexistían en el mismo contexto, tenían una misión diferente. Hoy día la literatura no solo tiene la intención de crear belleza. Ella nos remite la mirada a muchos ejes perceptivos en la cual sacarle provecho, incluso en otras ciencias como la Sociología, la Psicología, etc., dependiendo del mensaje que se explicite en el texto o tras una leída entre líneas. Ya no es como en el siglo XIX con la doctrina del “Arte por el Arte”. Dicen Wellek y Warren: “No debemos exagerar la diferencia introducida a fines del Siglo XIX de “el Arte por el Arte” o por las otras más recientes de la poesía pura. “La herejía didáctica”, como Poe llamaba a la fe en la poesía como instrumento de edificación, no debe equipararse a la tradicional doctrina renacentista según la cual la poesía deleita enseñando o enseña deleitando”( Wellek y Warren, 1996: 36) Esta doctrina del Arte por el arte promulgaba que el arte está sólo al servicio del puro goce estético, sin embargo sabemos que si se negara el poder cognoscitivo de la literatura, de su valor ideológico y educativo, así como de su dependencia respecto a las necesidades prácticas de la época, esto sumiría al artista en una irresponsabilidad total con respecto a su pueblo o su sociedad sumiéndolo en un individualismo extremo. Warren y Wellek desatan una poderosa controversia entre lo bello y lo útil de la naturaleza de la poesía, extendiendo este principio al de la estética misma y por ende de la literatura; cito: “La historia de la estética casi podría resumirse como una dialéctica en que la tesis y la antitesis son el dulce y utile de Horacio: la poesía es dulce y es útil Tomados separadamente, uno y otro adjetivo representan una herejía extrema respecto a la función de la poesía: probablemente es más fácil poner en correlación el “dulce et utile” atendiendo a la función que a la naturaleza de la poesía. El concepto de que la poesía es deleite (análogo a cualquier otro deleite se contrapone al concepto de que la poesía es instrucción (análoga a cualquier libro de texto).Al concepto de que toda poesía es o debe ser propaganda replica el de que es o debe ser sonido e imagen puros, arabescos sin referencia al mundo de las emociones humanas. (Wellek y Warren, 1996: 36) ¿Con qué intención hacemos una obra de arte?...Me hago esta pregunta cuando necesito explicar lo bello y lo útil de la fórmula horaciana. Creo que la mayoría de los artistas corporizan su obra por dos razones: la primera es con intención de hacer que realmente su obra sea deleitable a los ojos receptivos que lo mirarán, y la segunda porque quieren transmitir un legado ideológico que produzca cambios en nuestra forma de pensar. Así sea una obra abstracta o ininteligible, ella tiene un significado simbólico basado en el absurdo o en la incoherencia humana. Al final la estética explica que la belleza es subjetiva y la define como algo que impresiona nuestros sentidos positivamente. Creer o aferrarse a un canon de belleza ya depende de nuestra concepción subjetiva de la misma. En ese sentido Wallek y Warren le dan una valoración trascendental a la formula horaciana: “Útil equivale a “”lo que no sea malgastar el tiempo”, merece atención intensa y seria. Dulce equivale a” no tedioso”, a “lo que no sea forzoso deber”, a “algo que se recompensa por si mismo “(Wellek y Warren 1996: 37) Pongámonos en el lugar de los artistas; el verdadero artista casi podría decirse realiza su obra para si mismo, las loas y las excentricidades de los que aprecian su obra le parecen secundarias y sin trascendencia. Lo hace por gusto y porque encuentran en el manejo magistral de su arte un escape exquisito a los sentimientos y contradicciones que se debaten en su alma. La utilidad del arte; y por ende de la literatura representa una consecuencia posterior a la convicción del artista, pues quienes apreciamos una obra aprovechamos el mensaje que trae la misma. Podría también decirse que la fórmula horaciana solo puede considerarse en función del receptor, quien es finalmente el que posibilita la permanencia de una obra a través del tiempo esquematizando una diferenciación mental de lo que es aprovechable, en detrimento de la simpatía estética. Warren y Wallek también hablan de que muchas veces el relativista que gusta de la poesía moderna puede repudiar el juicio estético, o sea que al absorber esa obra como un ente simbólico de la irracionalidad, la belleza sobra en importancia, o simplemente queda descartada. He aquí un ejemplo análogo del relativismo en las Plásticas: “El Arte Moderno es muy distinto del Arte al cual estamos más acostumbrados. No es posible para la persona media mirar por primera vez un cuadro moderno y comprender y gustar sobre todo, en forma inmediata de que se trata. En realidad, para la persona media, acostumbrada a pensar sobre pintura de acuerdo a los modos académico y realista imperantes, los cuadros modernos son frecuentemente: feos, mal dibujados, deformados o simplemente incomprensibles. Al interpretar mal el propósito del artista, el observador a veces queda confuso y desanimado. Puede tardar algún tiempo en ver la "otra" belleza, la diferente clase de belleza que constituye todo el sentido del Arte Moderno. Finalmente, todas las ideas artísticas y sus influencias sobre la persona media, son las pertenecientes al período académico realista del siglo pasado. Mientras que los modernos artistas han pasado a un nuevo período artístico.” (KLEINBURG, Pedro. Como ver arte moderno [en línea] Disponible en: http://www.xe1rcs.org.mx/cultura/verarte.html [Fecha de acceso: 15 de Julio de 2007] Creí justo citar este fragmento de un artículo, pues nos mueve un poquito a interpretar como nos acercamos a una obra artística. No es necesariamente suficiente buscar solo lo bello en una obra. El arte moderno ejemplifica claramente este principio, ya que tiene otro paradigma de interpretación. Así también la obra literaria puede desprenderse de lo bello para constituirse netamente en un tornasol de protesta o expresión. Por ello en nuestro siglo hablar de belleza es casi un panegírico de lo cotidiano. “El Educador puede situar erradamente la seriedad de un gran poema o novela, como cuando la encuentra en la información histórica que allega en lo provechoso de su moraleja” (Wellek y Warren, 1996: 38) Debemos comprender bien estos principios para llegar contextuar y llegar realmente a la obra, si solo nos basáramos en una conciencia aparencialista de las cosas caeríamos en el vicio de la mediocridad, ya que no estamos abiertos a los nuevos desafíos a los que nos impone el arte y la literatura al fin. Finalmente con respecto a lo bello y lo útil Warren y Wellek llegan a la conclusión de ambas naturalezas de la literatura deben abrazarse y coexistir, pues las dos son aprovechables y ofrecen la garantía de explicar el fin de la literatura. “Es probable que para los lectores adecuados, todo el arte sea “dulce” y a la vez “útil”, que lo articula sea superior a la propia ensoñación o reflexión autoprovocada de éstos; que les procure placer por la habilidad con que articula lo que les parece algo parecido a su propia ensoñación o reflexión, y por la liberación que experimentan mediante tal articulación. Cuando una obra literaria funciona bien, las dos notas de placer y de utilidad no sólo deben coexistir, sino además fundirse” (Wellek y Warren, 1996: 37) Queda claro entonces que estas dos funciones se compenetran en una obra literaria, y las dos son valederas para el estudio de la misma ya que aportan conocimientos y experiencias para el lector. Termino mi ensayo con un silogismo: “Una obra es bella porque produce goce estético; el placer estético es subjetivo porque depende del canon de belleza interno que me promuevo; mi canon de belleza se basa fundamentalmente en que una obra pueda dejarme un mensaje útil; Por lo tanto: Una obra es bella cuando es útil.” (Daily Jara) Por lo demás me sumo a lo que dicen Wellek y Warren como conclusión a este apartado: “La experiencia del valor único de la literatura es fundamental para toda teoría relativa a la naturaleza del valor. Nuestras mudables teorías se esfuerzan en hacer justicia cada más a la experiencia. Una dirección contemporánea afirma la utilidad y seriedad de la poesía considerando que la poesía allega conocimiento, una especie de conocimiento. La poesía es una forma de conocimiento” (Wellek y Warren, 1996: 38)
